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miércoles, 11 de abril de 2012

ANIUTA


ANIUTA
Anton con sus casi dos metros de estatura está encorvado en la silla estudiando su libro de anatomía para el examen final. Debido a los duros trabajos que realiza desde niño tiene un cuerpo atlético. El cabello es rubio y rizado, con unas suaves ondas que rodean sus facciones más bien delicadas. Solo tiene veintidós años pero una responsabilidad digna de un catedrático, inculcada por su estricto padre.
Ser médico y sacar a su familia de la gran miseria en que está sumida es su principal objetivo.
De pronto se abre la puerta de la triste habitación que ocupa en los bajos del Hotel Lisboa, el más lujoso de Moscu, es la propietaria del hotel. Aniuta, de unos sesenta años, aún mantiene una belleza y una elegancia impresionantes. De muy joven había sido criada del hotel hasta que se casó con el dueño del cual enviudó ya hace mucho tiempo, ahora es ella quién lleva las riendas.
¡Date un buen baño y sube a la suite, esta noche tienes visita! ¡Y recuerda qué mañana tienes que limpiar toda la plata! ¡Espabila!
Tras lo dicho salió altiva de la habitación. Desde que enviudó se dedica a acoger estudiantes de medicina, les da una mísera habitación a cambio de muchos servicios y favores.
Otra vez visita, piensa Anton, ¿cuál de las carcamales amigas de Aniuta será esta vez? Todas son más viejas que ella, en la última semana ya le han visitado cinco veces, son insaciables, aunque no son todas iguales. A Katia le gusta humillarme poniéndome a cuatro patas mientras ella se me sube encima y me da palmadas en el culo. A Olesia le gusta que le mame los pechos y acunarme como si fuera un bebé. A Nadia le gusta que le pegue con la mano abierta en sus enormes posaderas. A Sasha le gusta darme órdenes e insultos mientras la penetro. Y a Manya le gusta que le diga palabras cursis de amor. A pesar de todo son muy generosas conmigo, cosa que me permite ayudar a mi familia.
Mientras estoy con ellas procuro ausentarme mentalmente pensando en mi amor, mi amor platónico, porque no tiene ni idea de lo enamorado que estoy. Solo puedo gozar de su presencia en la universidad.
Las visitas y las numerosas tareas de limpieza del hotel me roban muchas horas de estudio pero lo compenso estoicamente quitándole horas al sueño.
Aniuta no está jamás contenta conmigo, dice que solo seré un medicucho mediocre, me odia y no sé por qué.
Por fin, mañana me dan las notas finales, cuanto deseo ser libre de una vez.
Veré a mi amor no correspondido, ¿será la última vez? ¿Debo declararme?
No soy capaz, tengo miedo al rechazo, a que se enfade, y lo qué es peor, a que se ría de mí. Por su parte ya debería haber notado mis fuertes sentimientos, y no me muestra el más mínimo interés. Pero mañana nos encontraremos a solas.
El profesor me ha citado en su despacho.
¡Pasa Anton, siéntate! Aquí tienes tus notas, excelentes por cierto, la semana que viene haremos la entrega de títulos.
Cogí el sobre y me dirigí a la puerta, apesadumbrado, tras darle las gracias.
Entonces levantándose de su silla me llamó - ¡Anton! – me giré lentamente y nos miramos a los ojos, nos fundimos en un largo y cálido abrazo.

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