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jueves, 22 de marzo de 2012

DUEÑA DE MI DESTINO - Autora: Moonsa Agustín


Mi vida es mía. Y hoy por hoy yo soy la dueña de mi destino. Elijo vivir la vida que vivo, cada minuto la elijo, cada día la ratifico. Y si tengo que cambiar, lo hago. Soy yo, no eres tú, ni tú. Tú decides si yo estoy en tu vida o no, como yo decido si tu estás en la mía. Y de que modo. Las elecciones de cada uno a veces discurren paralelas y no llegan a encontrarse nunca. Mi elección y la vida que deseo vivir pueden andar también paralelas si al hacerla me he mentido a mí misma. 
El Universo está lleno de caminos, paralelos, entrecruzados, también hay vías muertas... En todos ellos hay personas, seres inanimados, otros seres vivos. A cada minuto elegimos como les tratamos y como queremos ser tratados. 
 Es como un ejercicio de mis clases de interpretación en el que empiezan todos desde la postura de una semilla, con los ojos cerrados, y van creciendo y evolucionando, primero hacia una vida vegetal, luego hacia lo que cada uno desee imaginar. Todo el mundo está preocupado al principio por hacer todo ese viaje con los ojos cerrados, mientras de fondo suena la música cuyo compás han de seguir. A todo el mundo le preocupa ante todo, tropezar con las paredes, los objetos, o los compañeros. Y siempre les digo: "Si os movéis en armonía, sintiendo la música, aceptando su ritmo, nada malo ocurrirá. Y si tropezáis podéis elegir interactuar, o apartaros". Cuando dos o más personas eligen interactuar, no siempre es rápido el entendimiento. Quiero decir que si uno se siente un árbol llevado por el viento y al tropezar con un compañero le apetece imaginar que el otro es un pájaro que revolotea a su alrededor y se posa en sus ramas, pero el otro, que se imaginó ser astronauta, le adjudica al compañero encontrado el papel de cráter lunar....a priori no van a entenderse, pero tal vez de ese tropiezo surja una tercera historia que cada uno vea a su modo pero se desarrolle en armonía. Tal vez la imposibilidad de combinarse es tan profunda que tengan que apartarse y seguir moviéndose por la sala, solos, hasta encontrar a otro compañero, o un objeto, o una idea en el aire. Pero cada uno crea su historia durante el tiempo que dura el ejercicio, a ritmo con el todo, fluyendo. No soy yo quién da las pautas, ni se las dan unos a otros, porque tienen los ojos cerrados y cada uno se ocupa de su propio camino hasta el momento en que, si se da el caso, se encuentran interactuando. Entonces tampoco se dan pautas unos a otros. Son libres, todo fluye, se sienten seguros. Nada malo pasará si el árbol y el pájaro terminan convertidos en lo que a mis ojos de espectadora son un sol y una luna, y a los suyos tal vez una flor y una niña para uno, un hombre y un reloj perdido para el otro... y así hasta el infinito....Se cierra el ciclo y cada uno ha creado y vivido su propia vida fluyendo, adaptándose, eligiendo.Si alguien intenta adelantarse al ritmo marcado por la música, entonces si puede haber un tropiezo brusco, un dolor, una fuerte interferencia que le saque completamente de su propia historia. Si por el contrario se queda quieto o va mucho más lento que la música, terminará el ciclo y el personaje apenas habrá vivido. El secreto eres tu, y el ritmo.
La música la marca el Universo, la creación es nuestra.
Y mi destino es mío en tanto que el destino no es otra cosa que un presente contínuo creado desde cada uno de nosotros.
Namasté

GENTILEZA DE MOONSA AGUSTÍN.

RELATOS - LA ÚLTIMA NAVIDAD. Isabel Mata.


LA ÚLTIMA NAVIDAD

La cena de Nochebuena ya estaba preparada, la mesa elegante y la familia reunida y dispuesta a pasar una feliz velada.

La televisión estaba dando un programa de humor cuando, de pronto, apareció un especial informativo.
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     Un fallo en el Acelerador de Partículas en Suiza ha causado una gran explosión. Un terremoto de máximo grado ha destruido casi toda España, solo Madrid capital y una pequeña parte de la comunidad han salido indemnes de la catástrofe.

La familia se quedó de piedra, debe ser una broma, no es posible, vamos a cenar y a ver qué pasa.
Se sentaron a la mesa pero sin quitar ojo a la televisión, los niños ya no alborotaban, percibían que algo grave había pasado, los semblantes de los mayores estaban muy pálidos y serios. La cena quedó casi intacta, nadie podía comer, estaban anonadados, impactados, atentos sólo a las noticias.
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     ¡Se espera que también alcance a Madrid a lo largo de la noche, pónganse a salvo, para mañana no quedará nada en pie!

Las abuelas se pusieron a rezar, las madres, llorando calladamente, abrazaban a sus niños, el padre se lanzó al teléfono: tengo que llamar al Rey, a Juan Carlos.

Mientras, escondido en la cocina, el perro, ajeno a todo, se comía los turrones y el mazapán.