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miércoles, 4 de abril de 2012

PRIMER AMOR



Mario no se puede concentrar, su mente y su corazón han sido robados por la niña del tercer pupitre.
Atrapado entre miradas y sonrisas furtivas siente que va a explotar,  ambos esperan ansiosos la hora del recreo para poder perderse en el bosque.
El roce de su mano hace que las mariposas revoleteen traviesas en su interior.
Ella es una flor, Rosita, sus mejillas están siempre sonrosadas, su cabello es dorado y brillante como el sol, sus ojos son nítidos y deslumbrantes, sus manos como una patena, pequeñas y blancas, sin ningún esmalte que rivalice con ellas.
Para Rosita él es su adonis, tantas veces soñado, el que hace que su piel se encienda con adoración, se siente feliz, afortunada y muy deseada.
Los árboles son testigos mudos de la unión de sus tiernos labios y de las caricias fugaces, no van a más porque Mario comprende, y Rosita sabe.
Comprende que aún son demasiado jóvenes y ella sabe que un amor tan grande no se debe mancillar.
Luego, a solas, ella deja volar la imaginación para gozar castamente de sus anhelos. Deseando que los años pasen más rápido.
Cada noche el mundo onírico de Mario completa sus frustradas ansias sexuales, en sus sueños se funde con Rosita.